Catedral Exterior

LA CATEDRAL DE SEVILLA Y SU PASO POR EL TIEMPO

La Catedral de Sevilla, catalogada por su inmensidad como una «montaña hueca», ha mantenido una histórica fragilidad estructural debido a los constantes problemas de resistencia y fluctuaciones de volumen que sufre la débil piedra de sus sillares. Construida originariamente sobre la antigua mezquita aljama del siglo XII, de la que hoy perduran la Giralda y el Patio de los Naranjos, el actual templo gótico comenzó a erigirse en 1403 para dotar a la ciudad de un espacio de gran monumentalidad. Las obras principales concluyeron a comienzos del siglo XVI tras la intervención de Juan Gil de Hontañón en el cimborrio y las bóvedas del crucero, añadiéndose paulatinamente capillas y dependencias renacentistas y barrocas.

El deterioro de la piedra y los diversos seísmos han puesto en riesgo la sustentación del templo a lo largo del tiempo, obligando a un continuo proceso de restauración que se intensificó en el siglo XIX. El momento más crítico de esta etapa ocurrió el 1 de agosto de 1888, cuando el pilar del ángulo anterior derecho del coro colapsó por compresión, provocando el traumático hundimiento del cimborrio y de varias bóvedas adyacentes. Este desastre, que llegó a hacer temer por la estabilidad total del edificio, impulsó ambiciosas obras de consolidación dirigidas por arquitectos como Adolfo Fernández Casanova y Joaquín Fernández Ayarragaray.

A la par de las reparaciones estructurales, la fisonomía exterior de la basílica fue completada progresivamente. En la fachada occidental, la portada central de la Asunción fue concluida a lo largo del siglo XIX mediante el uso de cementos y polvo de mármol, una solución neogótica muy criticada posteriormente por los especialistas de la época. Por su parte, los hastiales del crucero permanecieron inconclusos y descarnados hasta finales del siglo XIX, cuando Fernández Casanova proyectó en estilo neogótico las puertas de San Cristóbal y de la Concepción. Estas actuaciones permitieron además corregir severas deficiencias constructivas, como las graves grietas que separaban el muro sur de los contrafuertes y amenazaban con el desplome de la fachada.

Durante el siglo XX y la época contemporánea, los trabajos de conservación han continuado de manera ininterrumpida. Entre 1941 y 1949, Félix Hernández Jiménez recuperó arquerías almohades del Patio de los Naranjos que habían sido mutiladas o tapadas en épocas anteriores. Más recientemente, bajo la dirección de Alfonso Jiménez Martín, las intervenciones se han enfocado en retirar añadidos deteriorados de cemento en el alzado occidental y en abordar la sustitución y refuerzo de los pilares más dañados del trascoro mediante estructuras metálicas provisionales, garantizando así la estabilidad del gigante de piedra.

La Giralda

La Giralda, actual campanario de la catedral de Sevilla, comenzó a construirse en 1172 bajo el mandato del califa almohade Abu Yaqub Yusuf como alminar de la mezquita Mayor de Isbiliyya, bajo la dirección inicial del arquitecto Ahmad ibn Baso. Diseñada como una torre prismática de ladrillo y cal sobre un basamento de piedra romana proveniente del alcázar abasí, su estructura interior destaca por un machón central ahuecado con estancias superpuestas por el que asciende una rampa. Tras verse paralizadas las obras por la muerte del califa en 1184, los trabajos fueron reanudados en 1188 bajo el gobierno de su hijo Abu Yusuf Yaqub al-Mansur, culminando la obra el 10 de marzo de 1198 con la colocación en su remate del yamur, una remate de bronce con cuatro manzanas ensartadas.

Con la conquista cristiana de Sevilla en 1248, el alminar se convirtió en el campanario del nuevo templo de Santa María de la Sede. La estructura almohade permaneció prácticamente inalterada hasta que un seísmo en 1356 derribó el yamur superior. Tras esta pérdida, el templo acometió diversas reformas defensivas y funcionales: en el año 1400 se instaló un reloj y una espadaña gótica sobre el cuerpo superior para albergar campanas, derribándose el antepecho de almenas musulmán. La transformación definitiva del monumento tuvo lugar en 1558, cuando Hernán Ruiz concibió un remate neoclásico de templetes renacentistas que elevó la torre desde los 50,73 metros originales hasta los 94,70 metros. Coronando esta obra diáfana y contrastante con el cuerpo almohade, en 1568 se colocó la estatua alegórica de la Fe, conocida popularmente como el Giraldillo.

A lo largo de los siglos XVII y XVIII, la Giralda sufrió múltiples percances meteorológicos y sísmicos. Destacan la caída de un rayo en 1724, la restauración de su consolidación tras el terremoto de Lisboa de 1755 dirigida por Juan Núñez, y la instalación en 1765 del reloj diseñado por Fray José Cordero. En 1836, un violento huracán y nuevos impactos de rayos obligaron a reparar balcones y bíforas. Sin embargo, el suceso arquitectónico más relevante aconteció en 1884 con la caída del denominado «rayo artístico», una descarga eléctrica que desnudó los vanos almohades y motivó un gran proyecto de restauración dirigido por Adolfo Fernández-Casanova y José Gestoso. Aunque los arquitectos pretendían retirar varios aditamentos posteriores para devolverle su impronta islámica, la Real Academia de San Fernando suavizó la propuesta, concluyendo en 1888 las intervenciones en bíforas, fachadas y bóvedas de las rampas interiores.

En la época contemporánea, la torre ha sido objeto de mantenimiento continuo. En 1979 el arquitecto Alfonso Jiménez Martín inició una restauración general por fases que abarcó desde el Giraldillo, la veleta y el pararrayos hasta la rehabilitación integral de las fachadas exteriores y el cuerpo del reloj. Estas labores concluyeron a finales de la década de 1980 con la incorporación de medidas de seguridad en ventanas y estudios geotécnicos sobre la estabilidad de su cimentación.

FUENTES:

Soraluce Blond, J. R. (2008). Historia de la arquitectura restaurada: De la Antigüedad al Renacimiento. Universidade da Coruña.

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